
Un mensaje urgente puede llevarse la quincena: prevención de estafas en la empresa
Por Juan José Castillo
El teléfono vibra en medio de una mañana ocupada. El mensaje dice que hay un problema con la cuenta y pide actuar de inmediato. En ese momento, la urgencia puede ganarle a la pausa.
Esta es una situación hipotética, pero el riesgo está documentado en Guatemala. La Superintendencia de Bancos ha publicado alertas sobre estafas electrónicas, incluidas técnicas de engaño para obtener información y tomar control de accesos financieros.
Un programa de bienestar financiero puede incluir prevención de fraude. Cuidar lo que una persona ya ganó también forma parte de su salud financiera. La capacitación debe coordinarse con seguridad de la información cuando corresponde.
Enseñar a detenerse antes de responder
La primera práctica es reconocer señales: presión para actuar, promesas desproporcionadas, solicitudes de códigos o instrucciones que llegan por un canal inesperado. La apariencia de un logotipo o de un nombre conocido no basta para confirmar autenticidad.
Ante una duda, conviene verificar por un canal oficial que la persona ya conozca, abierto de manera independiente. No desde el enlace ni desde el número que trae el mensaje sospechoso. Esta pequeña separación reduce la posibilidad de seguir dentro del mismo engaño.
Una conexión con candado o HTTPS protege parte de la comunicación, pero no demuestra por sí sola que quien está detrás sea legítimo. El dominio, el contexto y la verificación independiente siguen siendo importantes.
Una actividad que no necesita exponer a nadie
Se pueden preparar tres mensajes ficticios, claramente marcados como ejercicios: un supuesto premio, una alerta bancaria urgente y una solicitud de información que imita un trámite interno. Se revisa qué señales generan dudas y qué canal se usaría para verificar.
No hace falta enviar enlaces peligrosos ni pedir contraseñas para enseñar. Tampoco conviene avergonzar a quienes se equivocan en una simulación. El objetivo es que puedan reconocer la presión y pedir ayuda antes de actuar.
En el cierre, cada participante escribe un paso que puede aplicar: guardar un contacto oficial, revisar cómo reportar un mensaje o identificar dónde encuentra las instrucciones de seguridad de su banco. Nadie entrega sus claves ni códigos al facilitador.
La empresa también debe ordenar sus propios mensajes
Si la organización acostumbra pedir datos por mensajes improvisados, dificulta que el equipo distinga una comunicación legítima. RRHH y tecnología pueden acordar cómo se anuncian cambios de nómina, beneficios o trámites.
El canal para reportar una comunicación sospechosa debe estar identificado y ser fácil de usar. Conviene explicar qué información mínima enviar y evitar que las personas reenvíen documentos sensibles a grupos amplios.
La educación funciona mejor cuando el comportamiento que pedimos coincide con la forma en que opera la empresa. Dar tiempo para verificar una solicitud es una señal de cuidado, especialmente si involucra dinero o información personal.
Qué hacer si la persona ya compartió información
Hay que orientar a contactar de inmediato a su entidad por un canal oficial para explicar lo ocurrido y conocer los pasos de protección que correspondan. Si el incidente incluye sistemas o datos laborales, se activa además el procedimiento interno de seguridad.
Guardar los mensajes y comprobantes disponibles puede ayudar a documentar el incidente. La persona debe recibir orientación sobre las vías oficiales de reporte o denuncia aplicables a su situación. No conviene prometer que recuperará el dinero ni atribuir responsabilidades sin revisar los hechos.
El acompañamiento humano importa. Una reacción de burla o culpa puede hacer que alguien tarde más en pedir ayuda. La prioridad inicial es contener el daño y dirigir el caso al canal adecuado.
El aprendizaje debe continuar con ejemplos nuevos
Las modalidades cambian. La empresa puede revisar periódicamente las alertas de autoridades y entidades financieras, y adaptar ejercicios a los canales que su equipo utiliza. No hace falta saturar con mensajes diarios: una explicación breve y una acción clara suelen ser más fáciles de recordar.
Este contenido puede integrarse en un taller de educación financiera para empresas, junto con planificación, uso responsable del crédito y protección del ingreso. La seguridad digital especializada debe quedar en manos del equipo competente.
¿Tus colaboradores saben a quién acudir cuando reciben un mensaje que involucra su dinero? Escribime por WhatsApp. Podemos construir una actividad práctica para que esa pregunta tenga una respuesta antes de que aparezca una emergencia.
Preguntas frecuentes
¿Un mensaje con el logo del banco es suficiente para confiar?
No. Se debe verificar la solicitud por un canal oficial conocido y abierto de forma independiente.
¿El facilitador necesita ver claves o códigos?
Nunca. La capacitación puede realizarse con ejemplos ficticios y sin información de acceso.
¿Esto sustituye una capacitación de ciberseguridad?
No. Puede complementarla desde la protección de las finanzas personales y coordinarse con el área técnica.
Fuentes y alcance
Contenido educativo general. Las decisiones personales requieren revisar la situación y las condiciones de cada caso. Fuente consultada en octubre de 2026: